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Abortar para autocuidarnos. Por Sofía Garduño

El pasado 28 de mayo el Fondo MARIA celebró su séptimo aniversario. Con mucha alegría puedo decir que en este tiempo, en un marco de autocuidarnos, hemos apoyado de diferentes formas a muchas mujeres —más de 5 mil— en su decisión de abortar, favoreciendo que su aborto sea llevado a cabo de forma segura, con información y en compañía de otras que estamos comprometidas con apoyar su decisión.

Los aprendizajes que hemos tenido como equipo a lo largo de estos años han sido muchos y han venido acompañados de muchas emociones. Para mí, algunos han traído satisfacción y alegría; otros, impotencia, rabia y dolor, y otros más han sacudido mis propias creencias en torno al aborto, por ello quiero compartirles algunos que han sido significativos para mí y que corresponden sólo a una parte del Fondo MARIA, a la operación diaria en la que trabajo y desde donde tengo la posibilidad de hablar con las mujeres en tres diferentes momentos: antes, durante y después de su aborto.

Respeto y Confianza

Uno de los aprendizajes principales que acompaña esos tres momentos es que la manera de apoyar debe darse desde el respeto y la confianza. Rechazamos las posturas que presumen que cualquier otra persona sabe más que la mujer, y qué es lo mejor para ella en su situación. Solamente ella sabe cuáles son sus deseos, sus sentimientos, sus circunstancias y sus posibilidades respecto al embarazo que está viviendo o que vivió. Puede haber personas a su alrededor con quienes tenga una relación cercana y de mucha confianza: alguna amistad, su pareja o algún familiar o allegada/o; aun en esos casos, ninguna de esas personas tiene derecho a decidir por ella con base en sus creencias personales sobre qué es lo que le traerá bienestar a su vida. Una mirada positiva del aborto.

En el caso de mujeres adolescentes, la tentación de intervenir es aun más fuerte y no estamos exentas de hacerlo, lo que nos obliga a estar muy atentas al momento de brindarles apoyo para diferenciar entre nuestras necesidades y las suyas, ya que, en el caso de las más jóvenes, todo mundo cree saber qué es mejor apelando a su falta de experiencia. Ante esa creencia es necesario ser críticas y revisar en qué medida nuestro prejuicios provienen del adultocentrismo.

Cada mujer sabe cuáles son sus necesidades, y no todas las mujeres necesitan lo mismo. Nuestro trabajo es generar un espacio de confianza en el que ellas puedan identificar y nombrar sus propias necesidades. Ésa no es una tarea fácil en una cultura como la nuestra, que nos enseña a las mujeres que alguien más debe tomar las decisiones por nosotras y que nos exige tener el aval y visto bueno de los otros frente a las elecciones que hacemos. Si bien es cierto que para algunas mujeres este ejercicio resulta claro y sencillo, para otras no lo es tanto.

Nuestro apoyo tiene la intención de devolverles el poder para definir y determinar, en corto, como será su aborto, pero la propuesta va mucho más allá: al final es una invitación a continuar ejercitando la toma de decisiones en diferentes aspectos de su vida.

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Aborto y autonomía

Para muchas mujeres la decisión de abortar es el primer ejercicio de autonomía, puede ser la primera vez que desafían los mandatos sociales, puede representar la primera vez que reconocen qué es lo que quieren ellas mismas para su proyecto de vida, y en ese sentido puede tener como efecto una mayor autoestima puesto que se están autoafirmando al actuar en congruencia con sus necesidades.

No perdamos de vista que todo esto ocurre en un contexto en el que se nos educa para aceptar incondicionalmente los mandatos sociales, de manera que desobedecer lo establecido también puede generar tensión, es decir, tras el hecho de abortar, está la tensión que genera estar yendo en contra de un montón de creencias que nos enseñan desde siempre: el ejercicio de la sexualidad sólo con fines reproductivos, la negación del placer en la sexualidad de las mujeres, el valor de la mujer sólo si es madre, la maternidad como único destino, la idea de la existencia del instinto maternal y una larga lista de etcéteras. No en vano, la culpa es el mecanismo de control para que las mujeres que se salgan de la norma se auto desaprueben y castiguen. Mucho trabajo hay que hacer para desarticular toda esa mierda en aras de nuestra autonomía y nuestra libertad.

Otra idea que escuchamos con frecuencia y que necesitamos transformar es que el aborto es una experiencia terrible porque implica mucho dolor, sangre por doquier y que es sumamente complicado de llevar a cabo. Las experiencias de las mujeres apoyadas a través del Fondo nos dicen que no es así. En muchas ocasiones nos preguntan si el aborto en verdad ocurrió pues no sangraron profusamente, o están totalmente incrédulas, expectantes sobre qué más deben hacer porque no pueden creer que el proceso haya sido tan sencillo y sin complicaciones.

La realidad es que los abortos realizados en condiciones seguras, aquellos que se realizan por personal capacitado con los tratamientos adecuados o por las propias mujeres con información basada en evidencia, no ponen en riesgo la vida ni la salud de las mujeres y distan mucho de esa imagen sangrienta y complicada.

Respecto al dolor, es muy importante mencionar que cada experiencia es diferente, no se pueden hacer generalizaciones en ninguno de los dos sentidos, no podemos decir que el dolor es extremo como tampoco podemos negar su existencia. Sí podemos afirmar que es una experiencia pasajera y que lo mejor es brindar herramientas para manejarlo en caso de que se presente, incluido el apoyo emocional para disminuir la ansiedad que pueda generar. Es importante tener en cuenta que no apoyar a las mujeres en el manejo del dolor es una de las formas de castigo que utiliza el personal de salud pública, así como señalar que ésta es una práctica totalmente falta de ética, que viola nuestros derechos.

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Las emociones después de abortar

Desde la experiencia del Fondo sabemos que no hay una sola forma de sentir, ni una que sea correcta frente a otras. La manera de sentir será diferente en cada mujer porque cada una de nosotras somos diferentes y tenemos diferentes caminos recorridos. Los factores que pueden influir son personales y sociales: la manera de afrontar en general eventos estresantes, la manera de lidiar con la tensión producida al desafiar los mandatos sociales, las redes de apoyo, el apoyo social percibido, el estigma que exista en el contexto asociado al aborto, etc. Lo que sí podemos asegurar es que el llamado síndrome post aborto no es un diagnóstico válido y que la salud mental posterior al aborto estará determinada por la salud mental previa.

Algunas de las reacciones que más nos han compartido en línea después del aborto son de bienestar y felicidad; también hay quienes nos han llamado extrañadas por no sentir culpa; otras que nos comparten que se sienten tristes, pero no por haber abortado, sino por haber perdido a su pareja. A otras el aborto les ayudó a generar reflexiones en torno a situaciones de violencia, control y sometimiento vividas en sus diferentes relaciones interpersonales.

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Abortar para autocuidarnos

Un último punto que me gustaría tocar tiene que ver con los procesos de cuidado del cuerpo que se pueden generar a partir del aborto. En Fondo MARIA estamos convencidas de que la relación con nuestro cuerpo tiene que ser amorosa y no estar basada en el miedo.

Para que esto ocurra, lo primero es comprender qué pasa en nuestro cuerpo, cómo funciona, cuándo y por qué; entonces se hace necesario traducir a palabras comprensibles todo ese lenguaje rebuscado que utilizan los médicos en sus explicaciones o que muchas veces prefieren omitir, suponiendo que seremos incapaces de comprenderlo.

Para muchas mujeres el aborto es el primer acercamiento con la salud reproductiva y es necesario aprovechar esa oportunidad para se apropien de ella desde el ejercicio de la sexualidad positiva y placentera. Prohibir nunca será un medio, y abortos siempre existirán. Los que sean necesarios.

Sofía Garduño Huerta ha sido promotora de derechos sexuales con personas jóvenes y orientadora de mujeres en situación de aborto. Es licenciada en Psicología por la UNAM, y se encuentra en formación académica sobre Prevención y Tratamiento de la Violencia de Género con especialidad en Violencia Sexual. Disfruta mucho caminar y andar en bici, está aprendiendo a patinar.

Colaboradora de Balance, organización feminista progresista que actúa a nivel local, regional y global para construir alternativas de vida en torno a las sexualidades libres y placenteras, transformando las políticas públicas en salud y sexualidad para que se aborde efectivamente la injusticia, confiando en el poder que tienen las mujeres y jóvenes para mejorar sus condiciones de vida.

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Imágenes: Fondo María

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