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Para no olvidarte, Xóchitl. Por UAM-2-3

El miércoles 11 de junio de 2014 Xóchitl Carrasco Cerón, estudiante de la licenciatura en Comunicación Social de la UAM Xochimilco, y amiga mía, fue asesinada por su exnovio Antares Israel Baqueiro Manzano en una de las unidades habitacionales aledañas a esta universidad.

Recuerdo a Xóchitl como una chica muy dulce, bonita, discreta, o, más bien, callada cuando no te conocía, pero divertidísima cuando comenzaba a tenerte confianza. Era muy sonriente, agradable y amable. Yo la percibía como alguien que siempre intentaba mantenerse fuerte, como si nada ni nadie pudiera hacerle daño. Teníamos algunos gustos en común, como en la música. Nos latían bandas hardcore y emo como: A day to remember, Black Vell Brides, Alesana, Sleeping with Sirens y División Minúscula, entre muchas más, pero su favorita era Panda. Su canción favorita era “Bulletproof love”, de Pierce the veil. En el fútbol le iba al Cruz Azul, pero sobre todo le gustaba el jugador portugués Cristiano Ronaldo. Le gustaba tanto, que ya hasta estábamos planeando irlo a ver en la televisión del billar en el mundial de Brasil 2014, mientras tomábamos cerveza.

Xóchitl y yo hablábamos mucho sobre cosas de la universidad; íbamos en tercer trimestre, que corresponde al tronco divisional del área de Ciencias Sociales y Humanidades. Los temas que abordábamos en clase tenían cierta complejidad, sin embargo, cuando participaba, Xóchitl lo hacía con seguridad, con preguntas y comentarios interesantes: su capacidad e inteligencia eran evidentes. Podría decir que disfruté mucho los pocos momentos que pude vivir en compañía suya y de nuestros demás amigos. Hubo situaciones que me hicieron pensar que, de haber continuado Xóchitl con vida, la nuestra se hubiera convertido en una amistad entrañable.

Solíamos juntarnos a conversar en “la banquita” de las canchas de fútbol que estaban más alejadas. Conforme pasaban los días nos teníamos más confianza. En una ocasión le pregunté sobre su entonces novio, porque un día lo llevó a una de las clases de teoría, y me comentó que se habían conocido por Internet, vía Facebook, cuando ella todavía vivía en Hidalgo, de donde era originaria. No recuerdo cómo la contactó el tipo, o cómo fue que se agregaron, pero ojalá eso no hubiera sucedido nunca. Para junio de 2014 llevaban un año y tres meses de relación. A mí me sacaba de onda porque en varias ocasiones vi que la llevó hasta la puerta del salón (él no era estudiante de la UAM-X). El día que entró con ella a nuestro salón, a una clase del profesor José Luis León Manríquez, la cara del tipo llamó mi atención, pues no se veía “normal”, o sea, parecía como si estuviera enfermo o algo similar. Era muy delgado y su piel era pálida. Los miré sentados juntos y sólo pensé: “¿Pero qué demonios hace esta chava tan linda [en todos los sentidos], con este wei?”

Yo sentía mucha conexión con ella porque habíamos pasado por relaciones similares, en el sentido de que eran extremadamente tormentosas, llenas de violencia y humillación, en definitiva destructivas. Se había generado una empatía especial, bonita, yo sentía que contaba con la comprensión de alguien que no me juzgaba, pues ella había pasado por un montón de experiencias similares. En esa apertura, ella me decía entre risas: “¡Déjala!, ya no continúes con esa relación”; y yo le contestaba: “¡Déjalo!, ¿por qué sigues con él? A Fernando de lejos se le nota que quiere contigo, y a ti te gusta, ¿por qué no hacen el intento?”. Yo le decía esto porque Xóch me había contado que ya estaba a gusto con el tal “Cristofer” (así me dijo ella que se llamaba, aunque después del asesinato la prensa se refirió a él como Antares Israel Baqueiro Manzano), que sí sentía cariño por él, pero que ya no quería seguir a su lado. Él la había chantajeado en varias ocasiones: le decía que si lo dejaba se quitaría la vida, que ella era lo único que él quería. También me confesó que discutían mucho, y que él se ponía muy celoso. Para colmo, este sujeto no se dedicaba a nada, era un “nini”, no estudiaba ni trabajaba. Recuerdo vagamente que vendía botellas de pet vacías, o algo así. Sin embargo, me dije: “No emitas juicios al respecto…ya veremos”, pero no, no podía tolerar la forma en que trataba a Xóchitl, ni la destructiva relación que mantenían.

Fernando era uno de mis compañeros de clase. Casi no platicaba con nadie, pero al pasar los días observé que conversaba mucho con Xóchitl. Ella, que antes se sentaba a mi lado, de pronto se empezó a sentar junto a él, y se tomaban de la mano. En general siempre la noté contenta, pero ahora su semblante era diferente. Se veía feliz, sus ojos brillaban como cuando te enamoras, y, efectivamente, entre ella y Fer estaba ocurriendo algo. Desde entonces él también se juntaba con nosotrxs. Era gracioso que Fer no parara de hablar de ella. En una ocasión hasta me pidió perdón por no poder dejar de hacerlo. Por el otro lado, Xóchitl me decía que él era muy lindo y bueno. Lo que sucedía era digno de celebrarse, ¡por fin iba a terminar con aquel imbécil!

Xóchit había decididio concluir su relación con Antares Israel y comenzar una con Fernando. No recuerdo que haya tocado mucho el tema de cómo reaccionó su “ex novio” cuando lo tronó. Supongo que no le que contó que ya estaba saliendo con alguien más, ¿quizás por miedo a que le hiciera daño, tal vez no a ella, pero sí a Fernando?

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Xóchitl.

Era miércoles 11 de junio por la mañana cuando caminaba por los pasillos del edificio D hacia mi clase de las 8:00 am y miré al jardín. Ahí estaba Fernando recargado en un árbol con su celular en la mano, intentando comunicarse con alguien de manera insistente. Pensé que tal vez con Xóchitl, pues la estaba esperando, así que me seguí directo al salón. Antes de entrar a la siguiente clase, alrededor de las 11 am, Fer se me acercó preocupado porque Xóchitl no atendía sus llamadas ni respondía a sus mensajes. Se me hizo muy extraño que no contestara el teléfono y que no hubiera llegado, pues vivía a cinco minutos de la universidad. Además ella ya le había dicho a Fer que se verían “al rato”. Evidentemente algo no estaba bien, y sospechamos que tendría que ver con Antares Israel. Decidimos ir por ella a su casa, que nos quedaba a unos pasos. En el camino recordé que a mí varias veces mi ex pareja no me había dejado salir de mi casa, y supuse que Xóchitl estaría pasando por una circunstancia similar: estaba discutiendo con su ex… ¿o le había dado flojera ir a clase?

Cuando llegamos tocamos en su ventana. Al no haber respuesta fuimos de inmediato hacia la puerta. Varios elementos de la policía y del Ministerio Público se encontraban ahí. Mi primera impresión fue de sorpresa: yo seguía pensando que estaban discutiendo, o que el tipo se había puesto violento y no la quería dejar salir. Fue entonces cuando se acercó un policía, de esos cuya empatía y humanidad ya están muy por debajo de la media, que se han vuelto fríos y toman la muerte como cualquier cosa. Me dijo: “¿Ustedes conocen al cuerpo?”, y preguntamos al unísono: “¿Qué cuerpo?”, a lo que éste respondió: “Sí, hay un cuerpo de una mujer y una persona herida, inconsciente, que no nos permite entrar al baño.”

Quedamos en shock. El policía me mostró una foto en el celular para que ubicara el rostro de la persona que estaba en el baño del departamento. A continuación me solicitó que entrara para reconocerla. A la fecha me sigo cuestionando por qué me eligió a mí, y no a cualquiera de mis compañerxs, para presenciar esa escena. Al entrar vi algo que no esperaba: el cuerpo de Xóchitl sin vida, tirado en el suelo. Enfrente yacía inconsciente el feminicida, quien se había intentado suicidar después de haber acabado con la vida de mi amiga. Le dije al policía que él era su ex novio, así que me solicitó más información de él.

Posteriormente el asesino fue sacado del departamento en una camilla y trasladado al hospital Xoco en calidad de detenido. Después me enteré que ya había sido juzgado y condenado a cumplir 27 años y medio de prisión. Eso estuvo bien, pero a ella la habíamos perdido para siempre.

Fue el peor día de mi vida.

Sentí remordimiento porque unas semanas antes en la universidad Xóchitl me contó que había discutido muy fuerte con “Cristofer” (Antares Israel), y que para protegerse se había metido al baño. Eso para mí fue un foco rojo. Lo único que se me ocurrió decirle en ese momento fue que no se quedara ahí si algo así volvía a pasar, que llamara a alguien o que yo iba por ella, pero que por favor no permaneciera en esa situación. Me di cuenta de que el asunto era grave, pero no imaginé que pudiera llegar a tal extremo.

Ese día fuimos a declarar a la Agencia Investigadora del Ministerio Público número 5 de Coyoacán. Estuvimos ahí toda la tarde. El judicial, con actitud de “lo sé todo” y un claro desinterés por lo sucedido a Xóchitl, intentaba ser “amigable” invitándonos la comida: “¿Tienen hambre?, ¿les traigo una torta?”, nos decía con suma frialdad. Me quedó claro que los feminicidios son hechos a los que no se les da ni la importancia ni el tratamiento debidos y también que a Antares Israel Baqueiro Manzano lo aprehendieron y juzgaron con rapidez porque estaba ahí mismo, inconsciente en la escena del crimen, pero que de no haber sido así el proceso se hubiera dilatado eternamente y él seguiría libre, como ocurre en la mayoría de los casos no resueltos en este país feminicida.

Poco antes de oscurecer hablamos con un tío y un primo de Xóchitl, que llegaron en esos momentos al MP. Evidentemente estaban desconcertados, devastados; nos invitaron al funeral, el cual se llevaría a cabo en el estado de Hidalgo, del que Xóchitl era originaria. De repente comprendí que ella ya no iba a regresar.

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Al mismo tiempo, pero en el salón de clases, el profesor Manríquez recibió una llamada de uno de mis compañeros, quien le informó lo acontecido. La versión que nos dio después de la llamada fue que habían asaltado a Xóchitl y a su novio. Por supuesto, todos pensamos que se trataba de Fernando. Pero ésta fue sólo una de las nefastas versiones, difundidas varias de ellas por la prensa sensacionalista, que comenzaron a circular en torno al feminicidio de Xóchitl, las cuales no sólo no le hacían justicia sino que estaban llenas de falsedad. Por el diseño y el color rojo recuerdo que fue el periódico Metro el que decía que habían asaltado a una pareja joven y asesinado a la chica, mientras que el novio estaba en estado grave. Me llenó aún más de indignación que se hayan publicado textos, en ése y en otros diarios, sin haber investigado, sin guardar ningún respeto por Xóchitl, y poniendo a su agresor como a alguien inocente.

Me di cuenta de que la prensa amarillista trata a las víctimas como una cifra, en el mejor de los casos. No hace una reflexión de lo que aconteció ni ofrece ningún tipo de contexto, sólo se limita a describir con morbo los detalles del crimen. Ésa es otra estrategia para minimizar los feminicidios. A los medios amarillistas sólo les interesa el nombre, la edad, en dónde y cómo murió, y no sus sueños, sus miedos, lo que ella quería estudiar, su personalidad y cualidades, todo eso no importa en la nota roja porque el objetivo es publicar de inmediato algo que venda. ¿Y la prensa seria, generalista, por qué no había publicado nada al respecto? ¿Esos medios no se habían enterado o no tenían nada que decir ni aclarar?

El lunes, volviendo a clase, la profesora Carola Conde Buenfil nos comunicó lo que por lo menos yo ya sabía, y nos puso a contestar preguntas respecto al Violentómetro que nos repartió, un material gráfico en forma de regla que sirve para aprender a reconocer las diferentes manifestaciones de la violencia que se encuentran ocultas en la vida cotidiana y que por desconocimiento podrían confundirse con “muestras de cariño”. En este material se presenta una escala de violencia gradual que inicia señalando las manifestaciones más sutiles de la violencia, siguiendo con las evidentes y, en el último lugar, las más extremas; sin embargo, en la realidad, éstas no se presentan necesariamente de manera continua.

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Violentómetro elaborado por la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género
del Instituto Politécnico Nacional, aquí replicado por el Instituto Estatal de las Mujeres en Nuevo León.

En la tarde de ese mismo día el profesor Manríquez, que estaba mucho más involucrado con el grupo, rompió en llanto al hablar de lo sucedido. Nos pidió que externáramos nuestros sentimientos al respecto, luego nos motivó para tomar cartas en el asunto y nos ofreció todo su apoyo en lo que decidiéramos hacer. Redactamos un escrito, el cual firmó la mayoría del grupo. En éste hablamos del feminicidio de Xóchitl y exigimos que se reforzara la seguridad y el control de las personas que acceden a la universidad, porque en alguna ocasión Antares Israel incluso había entrado a una de nuestras clases. El profesor Manríquez lo entregó personalmente en Rectoría. A la fecha no hemos recibido ningún tipo de respuesta y, hasta donde yo sé, no se han tomado medidas de ninguna índole.

Además de la carta, en los días siguientes el Comité de Lucha de la unidad realizó un periódico mural sobre el suceso, con la intención de dar a conocer el caso, de concientizar a la población sobre los feminicidios, y de recordar a nuestra compañera. Asimismo, el 31 de octubre, como parte del concurso de ofrendas del Día de Muertos, fue expuesta en el Jardín Zapata una ofrenda en honor a Xóchitl, hecha por el grupo de área de concentración de Comunicación Social “Sexualidad y Género”, quienes también portaban un gafete con la leyenda: “¿Quién es Xóchitl?”. A las personas que preguntaban, se les daba información. Esta ofrenda, a diferencia de las tradicionales, normalmente repletas de comida, tenía cuadernos, libros, fotocopias, bolígrafos y veladoras, con la intención simbólica de devolverle a Xóchitl una de las cosas que le habían sido arrebatadas: la posibilidad de estudiar. Me conmovieron mucho varios letreros que acompañaban la ofrenda; en uno de ellos se leía: “Todas somos Xóchitl, Xóchitl somos todas”.

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Xóchitl fue víctima de un feminicidio, término que yo no conocía. Había escuchado sobre “las muertas de Juárez”, pero no comprendía que el móvil de sus asesinatos eran la misoginia y el machismo, es decir, el odio hacia las mujeres. De pronto todos mis referentes cobraron sentido.

El feminicidio es la expresión máxima de violencia contra las mujeres, pero existen otros tipos de violencia con los que convivimos cotidianamente, y que ya consideramos “normales”, como son la humillación, el desprecio, el maltrato físico y emocional, el acoso callejero y la violación, entre otros.

La frase “Todas somos Xóchitl, Xóchitl somos todas”, me hizo entender que la violencia contra las mujeres es algo que no le ocurre sólo a chicas con características específicas. El feminicidio es un fenómeno social que no distingue nivel socioeconómico, raza ni edad. Pensamos que porque vemos, escuchamos o leemos noticias sobre asesinatos de mujeres allá lejos en Ciudad Juárez, el Estado de México, Guerrero o Michoacán, por mencionar algunos, no nos va a pasar a nosotras ni a nuestras mujeres cercanas…¿de verdad no? Estos actos de violencia contra las mujeres no se dan únicamente en relaciones de pareja, también provienen de familiares, conocidos o desconocidos.

Antares Israel Baqueiro Manzano se adjudicó el derecho de arrebatarle la vida a Xóchitl porque el “amor romántico” nos hace creer que las personas nos pertenecemos la una a la otra. Pero los seres humanos no somos objetos, ni le pertenecemos a nadie.

A un año del asesinato de Xóchitl considero indispensable ofrecer este testimonio cercano, íntimo y relacional, para ofrecer a la comunidad universitaria y a la sociedad en general otra perspectiva de los hechos. Creo que al hacerlo nuestra amiga y compañera será recordada con dignidad y cariño como parte esencial de nuestra historia.

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Las cinco personas que integramos UAM-2-3 somos estudiantes de la licenciatura en Comunicación Social de la UAM-X. El equipo se formó en el Taller de Periodismo impartido por Roxana Foladori (mayo-julio de 2015), quien nos invitó a arder con indignación por el feminicidio de nuestra compañera Xóchitl Carrasco Cerón, y a escribir un reportaje sobre su caso que nos permitiera narrar nuestra experiencia y cariño.

[1] En esta memoria colectiva, que decidimos narrar en primera persona del singular, se han vertido los testimonios de varias personas cercanas a Xóchitl en la UAM-X, como amistades, docentes, compañeras y compañeros.

[2] UAM-2-3 está conformado por: Mariana Martínez Amador, Grecia Gimena Suárez Rodríguez, Maricruz Morales Montes, Daniel Osorio Flores y Gael Iván Hernández González.

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