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La importancia de llamarse Norma. Por Guayaba Quemadora

No me llamo Norma Anaya. Mi agresora sí. Yo soy Juana López*, una tal Guayaba Quemadora. Doy estos datos porque me parece que fueron relevantes a la hora de recibir respuesta de la comunidad feminista que tuvo acceso a mi denuncia. Aclaro que no hablo aquí de la Comunidad Feminista en términos generales, a la que orgullosamente pertenezco. De hecho, me refiero en particular a quienes están en la página del evento privado Fiesta Vulvatucada en Facebook, que fue donde se desarrolló la discusión.

Hace más de una semana informé que una mujer cuya identidad desconocía me había agredido sexualmente. Expliqué cómo y cuánto me había afectado esa experiencia. Entre otras cosas, pedí a la comunidad apoyo para identificar a la agresora, pues pensaba denunciarla por Abuso Sexual. Con toda claridad mencioné lo de la denuncia penal. No era un secreto para nadie. Sin embargo, no hubo NADIE que pusiera un “pero” a ello, nadie lo cuestionó y nadie me sugirió otras vías de resolución… hasta que di el nombre de la agresora.

Antes de que identificara a la agresora, sólo recibí un Silencio casi Absoluto a mi denuncia por parte de la comunidad a la que me estaba dirigiendo. Y digo casi absoluto porque Afortunadamente hubo hermanas feministas que sí me respondieron de inmediato, mostraron su indignación ante lo ocurrido y se Ocuparon de mi bienestar dándome todo su apoyo sororario. FUERA DE ESAS INVALUABLES, EL RESTO GUARDÓ SILENCIO (aunque vale decir que valoro también a quienes, en un gesto de empatía, dieron “like” a mi denuncia). Fuera de esas INVALUABLES, no hubo un “No estás sola” por parte de las otras, no hubo un “Somos manada y entre nosotras nos cuidamos” por parte de las otras, no hubo “Ternura radical” por parte de las otras. Por parte de esas otras, por parte de Esa Mayoría Feminista Silenciosa dentro de la página del evento, sólo hubo una Radical Indiferencia. Comprenderán que alguien que informa a “su” comunidad que fue sexualmente agredida, no atine sino a leer indiferencia ante la falta de respuesta, de contacto y de apoyo.

El silencio se prolongó cuatro días. Cada uno, yo confiaba en que la manada comenzaría a manifestarse, más allá de Mis Pocas Invaluables que desde el principio lo hicieron. Cada día me decepcionaba y me abrumaba el mismo silencio.

Al cuarto día de haber publicado mi denuncia, logré identificar a la agresora. Yo también me saqué mucho de onda: resulta que sí se asume feminista y que pertenece, justamente, a la Vulvatucada, una colectiva cuya importante acción feminista he presenciado, he compartido, y admiro y respeto. Pero también resulta que sufrí una agresión sexual por parte de esa compañera y que fue en la página de su evento (la fiesta de la Vulvatucada) que publiqué mi denuncia y me resulta difícil de creer que la compañera no haya atinado a darse por aludida, tal como explica.

Ante la ausencia de alguien que en un tiempo razonable dijera “Yo fui, asumo y lo lamento” y ante la ausencia de la “manada” del evento Fiesta Vulvatucada que dijera “A nosotras nos importas, te acompañamos y respaldamos” o “para sanarte y para resolver el asunto cuando identifiques a la agresora, te proponemos estas vías alternas porque no creemos que lo penal sea la respuesta…”, ante semejantes Ausencias, fue que acudí al sistema penal. De haber recibido el apoyo sororario que esperaba, probablemente habría optado por otras vías…. Pero ese apoyo y esos mecanismos sororarios que ahora sí se apuran muchas (antes mudas) a mencionar, Brillaron Por Su Ausencia todos esos días en que más falta me hicieron. Las que sí me apoyaron fueron Mis Invaluables, que son pocas en comparación con toda esa “manada” que se enteró del asunto. Y lo que decidimos, ante la falta de otros recursos, sugerencias o apoyo, fue, en efecto, tomar la vía jurídica. Lo más curioso es que esa vía, anunciada desde el principio, no fue cuestionada por ninguna en su momento. Sólo cuando se supo que NORMA era la que transitaría esa vía en calidad de denunciada, entonces sí salieron varias indignadas de última hora a decir que ésa no es la vía y que “¡qué barbaridad, qué cosa tan patriarcal!”. La importancia de los nombres…

Lo que detonó las voces feministas en ese grupo no fue la agresión que sufrí ni la contrariedad que les expresé por lo vivido. No fue la preocupación por mi bienestar ni mi proceso emocional. Ni siquiera fue el hecho de que pudiesen imaginar que la agresora fuera otra feminista, pues era altamente probable que así fuera si se encontraba en esa fiesta -así que podíamos anticipar ese escenario-. No, lo que las hizo, finalmente, alzar la voz fue el momento en el que Nombré a la agresora. Da la impresión -y disculpen que lo mencione, caray- que estuvieran esperando a ver DE QUÉ FEMINISTA SE TRATABA para entonces reaccionar. Como dijo alguna por ahí “Norma no es cualquiera…” Y yo pregunto, ¿se vale decir de cualquier feminista que es “cualquiera”? ¿Yo soy cualquiera? Si la agresora hubiera sido otra feminista ¿habría sido cualquiera si no se llamara “Norma”? ¿No?… Entonces, ¿por qué siendo yo, como agredida, feminista y habiendo existido la Altísima probabilidad de que mi agresora fuera feminista también, prácticamente nadie se pronunció sino hasta que se dijo: “Norma”?

Yo me salí unos días de la ciudad –sigo fuera- para despejarme y olvidar lo que más me dolió de todo este asunto: el silencio y la falta de apoyo mayoritario. De pronto, durante mi salida, me entero de que ya se está hablando del tema… pero se habla básicamente para cuestionar la vía que usé para defenderme y que lo haga contra “una de la manada”. Ah, claro, entremezclada entre reproche y juicio, se dió una que otra frase de “y también hay qué ver qué necesita la agredida”, preocupación que antes no surgió (no de la mayoría que ahora sí se manifestaba). Ni hablar de las que minimizaron la agresión y la ridiculizaron al grado de decir cosas como “al rato nos vamos a denunciar entre nosotras hasta cuando cortemos” (palabras más, palabras menos). Como podemos ver, aquí con la “manada” de la Fiesta Vulvatucada más bien aplicó el “Si te tocan, respondemos… pocas” ““Y si la que te tocó fue Norma…” Ustedes completen la frase.

Por otra parte, agradezco a las compañeras que quizá antes no se manifestaron, pero ya en esta etapa de la discusión sí expresaron pesar por lo ocurrido y respeto, sin cortapisas, por mi autonomía para elegir la vía de autodefensa. Eso también es sanador.

No voy a consagrar a Norma como Juana de Arco por asumir su responsabilidad -como lo hicieron algunas-, pues además de que lo que hizo es grave, resulta que ella no dijo “Yo” sino hasta que la señalé públicamente. Con independencia de ello, Sí valoro el hecho de que aceptara lo que hizo, aún si fue bajo presión pública -varias la vieron actuar y vale imaginar que lo sabía-.

Por otra parte, me desacomoda mucho que una feminista recurra al argumento del alcohol y la droga para explicarse. A ver, yo también fumé mota y tomé y lo he hecho mil veces… y nunca he ido por ahí mordiendo chichis ni tocando a nadie sin consentimiento. Se necesita asumir que existe una disposición a la violencia machista para entonces poder trabajar en ella y eliminarla. Si, por el contrario, se culpa a factores externos, entonces, la violencia seguirá ejerciéndose, pues permanece intocada.

En cuanto a lo que algunas preguntan de “¿cuál sería un resarcimiento para Bertha? ¿cómo podemos apoyar?” Aquí algo básico:
– Manifiesten su apoyo a la compañera agredida cuando les haga saber que fue agredida. Si no se sienten en la disposición o en la capacidad de dar apoyo presencial, tan sólo una frase sororaria y sin “peros” ni cuestionamientos, será de mucha ayuda.
– Sugieran acompañamiento y vías feministas de resolución desde el principio, aún cuando no sepan quiénes son las feministas involucradas o no las conozcan personalmente.
– No minimicen (“a mí una amiga me quemó con un cigarro sin querer y no la denuncié..” “de una mujer no se siente tan gacho como de un hombre…”), no cuestionen (“ay, pues yo no iría con papá Estado”, “¿por qué elige esta vía patriarcal?” y una frase alarmante: ), no ridiculicen (“al rato nos denunciaremos hasta por…”), NO JUSTIFIQUEN LA VIOLENCIA (“Bien sabemos que hay heteroflexibles que dan pie y luego se arrepienten”) y no sugieran a la compañera agredida comunicarse con su agresora para arreglarlo… y menos aún insistan en ello, así lo piensen “por el bien de la colectividad”.
– Háganle saber a la compañera agredida que No Está Sola (consulten con Red No Estan Solas Rednes cómo se hace… ellas lo hacen muy bien y se los agradezco profundamente).
– Y aunque parezca obvio (ya vimos que no lo es), insisto: No guarden silencio. Si por algo no quieren pronunciarse públicamente, un Inbox expresando apoyo, será bueno. Creo, no obstante, que a todas nos corresponde pronunciarnos y actuar en casos como éstos, pues nos interpelan colectivamente como feministas, más allá de que ciertas decisiones correspondan únicamente a la afectada.

Yo ya viví este proceso en el que, entre silencio, cuestionamientos y hasta justificación de la violencia, me he sentido revictimizada por parte la comunidad. EVITEMOS QUE ESTO SE REPITA. Les hago estas sugerencias como parte de mi contribución, a partir de lo vivencial, para lograrlo juntas.

Ya por último: me dirigí por este medio a la agresora para pedirle su domicilio. Lo que hizo, en respuesta, fue darme su número celular. Norma Anaya: me causa rechazo la idea de verte. No voy a llamarte ni a hablar contigo para que me des tu dirección. Muestra consideración, por favor, y dámela sin manipulación (puedes mandar mensaje aunque no te tenga en fb o hacerlo a través de alguna compañera).

A todas les comunico que si continúo o no por la vía penal, esa es única y exclusivamente MI DECISIÓN y no la voy a pasar por el feministómetro de nadie.

Gracias por su apertura para leer esto. Confío en que servirá al diálogo y a la transformación colectiva.

*El nombre de la agredida se ha omitido por razones de seguridad.

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2 comments

  1. eres muy valiente, gracias por denunciar y gracias por escribir. yo no recuerdo si estuve en el evento de fb como invitada y bueno, obviamente no estuve alli, pero sí en otras situaciones he sentido la ausencia de solidaridad y el silencio indiferente -fuera del contexto del feminismo- y es muy muy feo, me imagino que más se siente cuando las feministas intentamos construir una forma diferente de ser y de relacionarnos y nuestro discurso es de acompañamiento y solidaridad (en sororidad); es muy grave que se justifique esto; mientras leía pensé si yo era capaz de ser violenta, de abusar o dañar, de esa manera, y la realidad es que todas y más las feministas tenemos que entrarle a eso, a autoanalizarnos para no reproducir la violencia, el abuso; es muy grave el silencio entre nosotras, el miedo a criticar cosas tan delicadas, pienso que también tiene que ver el que siempre se nos examina “desde afuera” para evidenciarnos, se nos enjuicia y se nos critica, creo que somos uno de los movimientos sociales que inspira más rechazo y más odio de la gente, eso hace que estemos a la defensiva y siempre juzgadas, y bueno….seguro eso tú ya lo sabes, pero no, no justifica. pienso, y a lo mejor voy a decir una barbaridad y discúlpame, pienso que todo lo que está pasando nos está enseñando mucho como colectiva feminista y como individuas, o al menos lo deseo de verdad, que crezcamos y avancemos; te mando un abrazo donde estés, no sé de qué otra forma acompañarte, pero leyendo tu testimonio y las otras publicaciones de la que arde me han llegado muchas cosas qué reflexionar, gracias

    de nuevo otro abrazo fuerte
    ali

  2. Qué coraje y qué pesar, haber tenido que hacer todas estas denuncias. Gracias por compartirlo con todas las otras que buscamos, queremos desmarañar todos los niveles de violencias sexuales contra lesbianas y mujeres.
    Efectivamente, la autodefensa que tu elijas es absolutamente digna, justificada, personal y colectiva; alguien te agredió -incluso en un espacio feminista, qué dolor- entonces, ejerce tu libertad y derechos en honor a tu cuidado, autorrespeto, protección de ti y de las otras. Si la agresora y sus amigas insisten en mimar estas “conductas”, entonces continuarán exigiendo cuotas cada vez más altas de tolerancia y silencio a las agresiones, qué pena. En el país del Eterno Feminicidio, deberían plantearse cuántas violencias sexuales aún no son capaces de verbalizar, parar, detectar; y no convocar por millonésima vez al silencio, la impunidad, el maltrato tan torturante de la revictimización, eso sí muy misógino y patriarcal.
    Gracias por empoderarme con tus palabras. Deseo que puedas bailar desnuda y ser rabiosamente feliz.

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