Mis nuevos ojos

Hace unos años una profesora dijo algo que cambiaría para siempre la forma de entender mi pasado. Me dijo que todo lo que ha sido antes puede ser releído cuando aprendemos un nuevo concepto, teoría y perspectiva. Para ilustrar su argumento agregó el ejemplo de aquellas mujeres que han sido víctimas de violencia. Nos explicó que en algunas ocasiones ellas resignifican su experiencia cuando se conciben como sobrevivientes de violencia, en vez de identificarse como víctimas. Entenderse como sobrevivientes las coloca en una posición distinta que les permite hacer frente a sus experiencias pasadas y hacer algo transformador para ellas, en vez de abrazar dichas experiencias como eventos que las atan o desempoderan.

Cuando cursé la maestría en género sucedió exactamente lo que anunció mi profesora. Tal vez ya me había pasado antes, pero hasta ese momento no había sido tan consciente del cambio en la lectura de mi pasado y mi vida al incorporar una nueva perspectiva. A pesar de que ya tenía experiencia trabajando en acciones encaminadas a alcanzar la igualdad de género, el término “género” aun no me cerraba. Lo entendía a medias. Eso se debía a que yo entendía “género” lejos y fuera de mí. Es decir, los programas y proyectos en los que colaboraba siempre estuvieron dirigidos a otras personas y nunca hacia mí. Tuve que dejar de ver género “hacia afuera” y pasar a colocarme en el centro de la ecuación. El proceso fue un reto completo. De pronto todo lo que estaba aprendiendo sobre género trasgredía, cuestionaba y problematizaba duramente mi camino de vida hasta ese momento. Me dolió la relectura que hice de las relaciones y dinámicas dentro de mi familia. Vi las injusticias e incongruencias con las que había crecido en familia, fui consciente de la discriminación y violencia que había vivido en espacios académicos y profesionales. Me reconocí como alguien que replicaba la violencia de género.

Sin entender mucho qué me estaba pasando, el inicio fue doloroso. Me encontré en un mar de confusiones. En ese momento no había alguien que me acompañara y entendiera la metamorfosis que estaba viviendo. Mis amistades de la maestría transitaban su propio proceso, cada uno era distinto, y tan demandante, que sólo nos daba tiempo de dedicarnos al propio y, de vez en cuando, acompañar el de las demás.

Esos nuevos ojos estaban revolucionando mi mundo, revisándolo, reconfigurándolo. Mis nuevos ojos eran cada vez más agudos, esta nueva visión era imparable, cada día se agudizaba más. Pasé de ver las injusticias y desigualdades en el ámbito familiar a verlas en mi relación de pareja. Ahora entendía los mecanismos de subordinación y dominación. Me crispaba cada vez que mi entonces pareja me decía “¿Ves? ¡Te lo dije!”, posicionándose una y otra vez como la autoridad. Detectaba la violencia, más sutil, casi imperceptible, que implicaban sus silencios y sus omisiones.

Entendí qué era el género cuando me puse al centro de la ecuación y exploré con esos lentes cómo funcionaba en mi vida, cómo la configuraba y la condicionaba. Cada vez que me estresaba encontraba alivio repitiendo un mantra que se convirtió en mi “om shanti shanti shanti”: “el género es socialmente construido, es socialmente construido”. Saber que el género se construye socialmente me daba la calma de pensar que definitivamente el orden de género actual puede ser cambiado, alterado hacia un orden que no sancione, condene, no invisibilice ni menosprecie a uno u otro por ser hombre o mujer, por ser homosexual, heterosexual, pansexual, bisexual, etc.

Con mis nuevos ojos, que ahora veían género en todas mis relaciones interpersonales, en mis pensamientos y acciones, empecé a reconfigurar mis relaciones para hacerlas más igualitarias. Ahora la parte difícil era explicarle a mi familia y amistades qué era género. Me costó un año trabajarlo en mí y ahora no sabía cómo explicárselo a ellas(os) de manera sencilla. Encontré que mis familiares y amistades cercanas no podían explicar sobre qué versaban mis estudios de posgrado y el área en la que me desempeño profesionalmente. Decían “trabaja algo sobre la equidad y los derechos de las mujeres o algo así” o se referían a mis labores como “eso que tú haces”.

Opté por hacer manifiesto cada vez que algo me parecía un estereotipo, discriminación y violencia de género. En la televisión, en el radio, en los medios de comunicación, en las dinámicas durante las reuniones familiares, en las películas. Poco a poco lo señalé, hasta que finalmente mi familia y amigos(as) decían “eso no tiene perspectiva de género”, “eso es discriminación de género”, “eso es violencia de género”, “eso es un estereotipo de género”. Un día le pedí a mi hermana que definiera qué es género de una manera sencilla y sin argot académico, apelando a que ella tendría una visión menos cuadrada y rebuscada que la mía. Me contestó que era difícil de definir porque para entenderlo y verlo fuera de ti primero es necesario incorporarlo en tu día a día.

En términos coloquiales, coincidimos en que adoptar la visión de género es equivalente a ponerte unos lentes con un aumento que te permiten ver cosas, situaciones y desigualdades que antes te hubieran pasado desapercibidas. Incorporar esta perspectiva es irreversible. Verás dinámicas, roles, estereotipos, discriminación, violencia de género en las películas, en las pláticas de sobremesa, en las tiendas, en las redes sociales, en los libros, en el gimnasio, en el restaurante, en el hospital, en absolutamente todo: cuando entras a un establecimiento comercial y no se dirigen a ti, sino al hombre que te acompaña; cuando pides la cuenta y no te la dan a ti; cuando ordenas comida y se dirigen a él para preguntarte algo a ti; cuando te preguntan “¿señora o señorita?”; cuando vas a una boda y ves como “entregan” a la novia; cuando en las novelas y en las películas hollywoodenses percibes la violencia cínica que se ejerce contra las mujeres, donde romantizan la subordinación de las mujeres a los hombres y esperan que pienses que es romántico que una mujer sacrifique todo su plan de vida por seguir a un hombre; cuando alguien te pregunta si eres homosexual o eres “normal”.

“Género” se entiende hasta que te atraviesa. Entenderlo en ti es clave para poder llevar a cabo acciones en lo público y lo privado para construir una realidad que no limite el potencial de hombres y mujeres por el hecho de nacer con uno u otro sexo. Una vez que entiendes cómo opera en ti y en tus círculos cercanos, es posible entender cómo configura relaciones a nivel macro en el estado, la economía, las instituciones, el comercio, etc. Una vez que eres consciente es un poco más complicado quedarte de brazos cruzados, pues al entender el vínculo entre lo público y lo privado reconoces que como ser social debes asumir la responsabilidad de ser parte de un mundo que nos limita. Es un poco más incómodo conocer tu responsabilidad y no hacer nada, pues te reconoces parte del problema y un(a) ciudadana(o) pasiva(o) que no aporta nada para terminar con las desigualdades, ni para construir condiciones que permitan co-crear un mundo mejor para las generaciones que te preceden, para la tuya y para las que vienen.

Personalmente he decidido participar y promover proyectos que llamen a la reflexión y a la acción. Uno de esos proyectos se titula “Analiza Género”, y lo comencé hace un año. Fue un curso en línea que surgió de mi interés por compartir toda la teoría que aprendí durante mi maestría. Participaron 70 personas de Perú, México, Argentina, Costa Rica y España. Los perfiles de las y los participantes fueron diversos, desde profesionales que han trabajado en materia de igualdad, hasta personas que apenas tenían su primer contacto con el termino/categoría analítica de género. La experiencia fue enriquecedora en todos los sentidos, intercambiamos puntos de vista, compartimos cómo era nuestra realidad dependiendo del lugar donde vivimos, de nuestra edad, profesión, clase social, edad, sexualidad, etc.

Dado que esta experiencia fue muy rica, y se ha enriquecido gracias a la retroalimentación de quienes participaron, he decidido volver a impartir el curso “Analiza Género”, pero esta ocasión lo dividiré en dos partes: la personal y la política. La primera parte será vivencial, y estará dirigida a explorar qué es género desde lo privado, qué papel juega en nuestras vidas, cómo las configura, cómo nos atraviesa. Durante esa etapa lo comprenderemos desde lo privado para posteriormente, en la segunda parte, entender cómo funciona en las instituciones, en los modelos de desarrollo, en la política, la economía, etc.

La primera parte del curso empezará el 2 de marzo y finalizará el 2 abril. Constará de 3 módulos. Las actividades serán vivenciales e implicarán que las y los participantes lleven a cabo experimentos sociales simples, vean alguna película, canciones, platiquen con integrantes de su familia de otras generaciones, etc. Se entregará constancia de participación avalada por la Campaña de Lazo Blanco Argentina-Uruguay y el Instituto de Género Josep Vicent Marques de Argentina. La cuota de recuperación es de 600 pesos mexicanos o 60 dólares para otros países. Para mayor información sobre el contenido, la estructura y contenido del curso escriban a masalianzafem@gmail.com. El curso está dirigido al público en general, sin importar su ocupación, área de estudio o trabajo.

Elena Olascoaga Tarjeta de presentacion ENE2015

Saber qué es género y cómo está relacionado con nosotras/os y nuestro entorno es una cuestión de ciudadanía. Está incluido en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018 como una estrategia transversal: en las elecciones entrarán las cuotas de género en paridad, en las empresas privadas se pide incorporar prácticas laborales que fomenten la igualdad de género, etc. Actualmente el término “género” acompaña muchos conceptos y frases cuyo significado rara vez se conoce (transversalizar género, roles de género, perspectiva de género, identidad de género, estereotipos de género, violencia de género, igualdad de género, discriminación de género, etc). Saber qué es el género es necesario para actualizarnos, nutrir el debate, intercambiar ideas y hacer nuestra parte de asumir responsabilidades para construir un mundo que ofrezca a hombres y mujeres iguales oportunidades, responsabilidades y obligaciones.

Les invito a ver el mundo a través de estos lentes: es revelador, revolucionario y necesario para romper estructuras, para acabar con un orden que hasta ahora ha limitado la posibilidad de que hombres y mujeres se desenvuelvan y desarrollen libremente.

 

Imagen: Kathryn Barton. Theloop.com

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4 comments

  1. Vivi casi treinta años de mi vida con el padre de mi hijo quien fue mi primer y unico novio. Hoy pudiendo analizar todo en retrospectiva veo que tanto mi eleccion como mi permanencia en esa relacion tremendamente violenta fue consecuencia de mi histoiria familiar, mi padre era violento, mi madre sumisa, y eso era lo´´normal ´´ para mi. Luego de mucho sufrir tome coraje para denunciarlo y separme hace mas de un año y medio. Sin embargo, y a pesar del tiempo, las situaciones violentas siguen y no cesan. Contra mi y nuestro hijo, la justicia hace como que hace, pero priorizan los derechos de este padre que reclama ver a su hijo, y lo ve, pero bueno sera que tendran que matarme para que crean lo que es capaz de hacer. Ya no tengo ganas de luchar por mis derechos, solo por los de mi hijo que estan por encima de los derechos de cualquier otra persona

    • Querida Verónica:

      Muchas gracias por compartirnos un poco de tu experiencia. Agradecemos la confianza que le tienes a este espacio para expresar tu sentir. Como bien mencionas, la violencia la normalizamos, la invisibilizamos, trivializamos y en el peor de los casos la romantizamos. Es esencial la constante reflexión y cuestionamiento de aquello que hemos pensado que es normal o que “es así”.

      lamentablemente, tu experiencia y la de muchas mujeres más, evidencian que la violencia hacia las mujeres no para a nivel interpersonal, se extiende a las instituciones, que a su vez están conformadas por personas con pensamientos sexistas y misoginos, los cuales replican a través de su labor institucional.

      Si consideras que podemos apoyarte en algo por favor dinos, procuraremos en la medida de nuestras posibilidades apoyarte. Por ahora lo que me queda decirte es que no estás sola, habemos muchas mujeres dando nuestro granito de arena para hacer la diferencia, para construir posibilidades para las mujeres sobrevivientes de violencia y co-crear un mundo más justo.

  2. EXCELENTE EL RESUMEN,FUI VICTIMA DE VIOLENCIA DE GENERO,FUI QUEMADA EN EL 45% DE MI CUERPO,SOBREVIVI Y HOY AYUDO A LAS MUJERES QUE PUEDO LLEGAR AYUDAR,ESPERO AUN MI JUICIO,PERDI ABSOLUTAMENTE TODO Y EN ROSARIO,NO HAY ESTADO QUE HAGA ALGO POR LAS MUJERES,NO DEJARE DE PELEAR,PERO QUIERO SEGUIR APRENDIENDO PARA AYUDAR A OTRAS TANTAS MUJERES,GRACIAS POR LA INVITACION AL CURSO

    • Querida Fernanda:
      Agradecemos tus palabras y la confianza para compartirnos un poco de tu historia como sobreviviente de violencia de género. Tu testimonio nos recuerda a quienes trabajamos por construir más y mejores condiciones de vida para las mujeres, que este trabajo no es en vano y es urgente. Cuenta con nosotras para sumar esfuerzos, nos necesitamos juntas.

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