La cacería. Por Lestreya

Aquella noche que me cazaste en mi cocina

sabía que perdería para renacer.


Que mi novedad y sensual lucidez

desafiarian tu libertad como nunca.


Que con toda la genialidad que soy

no me alcanzaría para florecer tu corazón.


En el viaje de conocernos

no te niego que alguna vez quise comérmelo

para ver si así.


Desde el recuerdo eterno de tu sabor sobre mi cuerpo

sé qué nunca volveremos a ser las mismas.

Y aunque ganó el desamor una vez más en el mundo

haberme atrevido a probar de tu boca es mi epitafio.

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