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Los límites de La crítica. Por Silvia Soler Casellas

Leo con entusiasmo, pero también con preocupación, cientos de posteos, artículos y reflexiones surgidas a raíz de la movilización nacional contra las violencias machistas del 24A. Parece que finalmente la marcha feminista nos trastocó a todas y que necesitamos digerir, escupir y volver a masticar todo lo que en ella tuvo lugar. Eso de por sí ya es un logro, y evidencia de que no fuimos a dar un paseo autocomplaciente con nuestra conciencia crítica, lo que tiene su expresión en los continuos intentos de repensar cada una de las aristas de la potencia colectiva que ahí emergió, de repensar las políticas feministas, al fin.

Posiblemente sea por la precariedad de nuestras redes físicas en esta megalópolis o en “el monstruo”, -como a muchas nos gusta llamar a la ciudad de México-, que la reflexión acerca de qué fue lo que ocurrió acontece más en y desde las redes virtuales que en los -limitados, por no decir casi nulos- espacios de confluencia físicos de los que disponemos. Las características de la red potencian y permiten la proliferación de opiniones, expresiones y/o críticas en formatos de 140 caracteres, a veces más. Eso entraña peligros y potencialidades que apenas vamos dimensionando, como los constantes acosos y amenazas de violencia extremas contra nuestros cuerpos. El hashtag #miprimeracoso tiene una potencialidad que permite un nodo común desde el cual compartir nuestras experiencias y darnos cuenta de una realidad desgarradora que nos concientiza de la gravedad del problema de las agresiones sexuales. Las constantes amenazas de violación y muerte hacia mujeres, lesbianas y trans que se posicionan sin miedo ante las injusticias que sufren día a día es un peligro que no debemos subestimar.

Digo todo esto porque, como usualmente ocurre cuando que se arman escándalos, todas estas potencialidades y peligros se ponen en funcionamiento. Entonces ¿qué fue lo que pasó? y ¿qué sigue pasando? Por un lado emerge la espectacularidad del escándalo, que yo resumiría en tres reacciones típicas que sobreabundaron en las redes durante las jornadas que transcurrieron desde el #VivasNosQueremos hasta hoy:

— “¡Pero esto es violencia y la marcha era contra las violencias!”

Luego, también está la de:

— “¡Pero si no todos los hombres somos acosadores, ¿por qué no podemos marchar?!

Y finalmente, la más peliaguda,

— ¿¡Cómo se atreven a rayar el antimonumento!?

Las nombro como escándalos porque la mayoría de las veces no contienen un debate y una reflexión de fondo, con argumentos, sino que se expresan como balas de fuego cruzado en la guerra sin cuartel que es a veces la red. Por eso creo importante argumentar al respecto, ofrecer puentes para una comprensión mutua entre posiciones diversas y estrategias que finalmente hacen y construyen esto a lo que llamamos feminismos. El relato importa; e importa tanto que es una arena política en la cual vale la pena librar la batalla y dejar claro cómo nos posicionamos cuando nos posicionamos.

La autodefensa no es lo mismo que la violencia. Ésta es una premisa tan básica que parece que por simple los y las dedicadas a la opinología, esa ciencia tan preciada de la opinión, no pueden entender. Cuando una mujer, una lesbiana o una trans dice “NO es NO”, no hay atenuante que valga, ni un “yo pensaba que”, ni un “es que no estaba claro”, ni un nada. La reacción de las mujeres nunca debe ser el foco de atención pues lo que es realmente grave es la incapacidad de escuchar y respetar nuestras decisiones. Eso sucedió en la marcha, al menos en dos ocasiones. La primera, cuando se le pidió reiteradamente a un periodista que no invadiera el contingente tomando fotos y, la segunda, cuando un hombre señalado como agresor quiso permanecer en el contingente no mixto increpando a las manifestantes. En ambos casos se actuó en defensa de un NO, claramente expresado, que no fue respetado. Por eso NO, Carlos Mendoza, no era un performance para complacer el lente de tu cámara, ¿o es que acaso piensas lo mismo cuando en la cama te dicen que no? ¿También entonces crees que están haciendo un performance?

En cuanto a los espacios no-mixtos, tema archidebatido hasta el cansancio, que parece también un escollo insalvable para los egos masculinos, vale decir una vez más que son la condición de posibilidad para una vida libre de violencias machistas. Para nosotras, como feministas, éstos han sido y siguen siendo un importante espacio de concientización, de puesta en común de nuestras experiencias cotidianas, han sido y son una estrategia de lucha para visibilizar las agresiones cotidianas y apoderarnos para hacerles frente. No son nuestro capricho, ni un fin en sí mismo; son espacios y momentos de libertad frente a las opresiones cotidianas y estructurales que vivimos. Y ahora sí, ya se escucha al lector indignado: “pero… Not All Men!! Sí, estimados, TODOS los hombres en tanto que poseedores de privilegios frente a las mujeres son potencialmente agresores. Glups!

24A-DaliriOropeza1Foto: Daliri Oropeza

Eso no significa que todos efectivamente ejerzan estos privilegios de forma violenta contra las mujeres, pero en tanto los disfrutan no es de extrañar que no queramos arriesgar que esto suceda en la marcha CONTRA las VIOLENCIAS MACHISTAS . Qué extraña y bizarra idea, ¿verdad? Que las mujeres, lesbianas y trans quieran ser las protagonistas de su emancipación es la idea más loca que ha tenido un movimiento. ¿Acaso cuestionan tan osadamente el necesario protagonismo indígena o afro propio de los movimientos por la reivindicación de sus derechos?

Finalmente, les comparto mi opinión sobre las pintas al antimonumento de los 43 normalistas de Ayotzinapa: la acción, desde mi punto de vista, fue inoportuna y una mala estrategia si lo que queremos es hacer una crítica a la invisibilización de los feminicidios y las desapariciones en otros movimientos sociales. Pero, ¿saben qué? Creo que mi opinión a estas alturas no cuenta un carajo, porque justamente las lógicas de la violencia han tomado de rehén cualquier debate posible. Y frente a las amenazas de violencia, e incluso de muerte contra cualquier compañera, me seguirá importando mucho más su integridad que la integridad de un monumento. Yo conté hasta 43 junto con otras muchas mujeres delante del monumento, al igual que en todas las otras marchas en las que participé por la aparición con vida de los 43.

Me gustaría que ese antimonumento fuera un palimpsesto de nuestras luchas, la memoria viva que escapa a las máscaras mortuorias que fijan la muerte y la desaparición en nuestro presente. Pero, ¿saben qué? Todavía no lo es. Si queremos que Ayotzinapa sea feminista y se hermane con nuestras muertas y desaparecidas nos toca estar ahí, hacer presencia y tender un puente para juntas hacernos más fuertes, al igual que si Ayotzinapa quiere ser un movimiento que hace de la injusticia un significante abierto en el que quepamos todas, le toca nombrarnos y cerrar filas con nosotras frente a los feminicidios y las agresiones. Tirar la piedra antes de hacer este esfuerzo es, por decir lo menos, abandonarnos en nuestras zonas de confort y amplificar discursos de radicalidad ramplones que son ajenos a la contradicción y el conflicto, motor de toda lucha.

Por último, leo impresiones de la marcha como meramente un producto performático propio del neoliberalismo. Una crítica mordaz que no deja títere con cabeza a la hora de juzgar desde la mera organización hasta las diferencias políticas de los feminismos presentes. Sin propuesta alguna, claro. Es cuanto menos paradójico que una marcha que seguro se inscribirá en la historia de los feminismos en México genere una crítica capaz de borrar cualquier atisbo de optimismo hacia el qué sigue después. Pareciera entonces que la consigna es: ¡disuélvanse feministas y entreguen las armas! Al respecto sólo quiero apuntar unos síntomas. El heterocapitalismo ya no quiere sólo institucionalizarnos; esto ya lo ha logrado y no hay más que revisar la historia de los movimientos feministas en la región para tomar dimensión del problema. Nos quiere individualizar y atomizar, sabernos solas y aisladas, relegar nuestra radicalidad a los confines de nuestras pantallas de computador, en nuestros cuartos y “habitaciones propias”, quiere hacer de nuestras diferencias identidades fijas con las que confrontar a las demás, por trans, por institucional, por migrante, por lesbiana, por heterosexual. Pero somos mucho más que nuestras conciencias individuales y nuestras diferencias; somos redes de apoyo que posibilitan y sustentan nuestras vidas, somos potencia en común cuando se juntan nuestros cuerpos a gritar “¡Vivas nos queremos!”

Un acontecimiento que nadie esperaba, mientras lo esperábamos todas.

Sabernos en manada, sentirnos en común, cambia nuestra subjetividad política, impacta en nuestras cotidianidades otorgándonos más fuerza para confrontar las violencias, reflotando esas redes invisibles que nos sustentan a diario a través de los cuidados, la protección y la defensa de vidas vivibles. La marcha no fue un producto neoliberal que niega nuestras diferencias a partir de su celebración exacerbada, la marcha fue una potencia indomable que se inscribió en nuestros cuerpos e imaginarios para empezar a organizar el pesimismo y transformarnos transformándolo todo. Es momento de organizarnos y hacernos fuertes, porque en México hay una guerra contra nosotras, una maquinaria de muerte que nos persigue y que sólo juntas, en cada una de nuestras trincheras, podremos detener. Es momento de mirarnos y, con nuestras diferencias y a pesar de ellas, abrir espacios para hacer de nuestras vidas algo habitable.

¡VIVAS NOS QUEREMOS!

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Foto: Kika Frisone

Foto_SolanasSilvia Soler Casellas. Antopolloca diletante, feminista de la maldad y teibolera de clóset. Dedicada a escribir sobre emociones y otras bombas de relojería. Briaga de ciudad, de textos y de potencias colectivas, arde por contagiar y contagiarse de las ansias colectivas de libertad. Un nosotras en construcción. @silsocas

 

Imagen de portada: Kika Frisone
Imagen de Silvia: Rotmi Enciso / Producciones y Milagros Agrupación Feminista AC / Todos los derechos reservados.

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One comment

  1. Lilith Silva Sánchez

    Gracias compañeras pudiste escribir la potencia que nos da caminar juntes!!

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