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Instrucciones para predecir el comportamiento de tu nombre. Por David Ledesma

 

Instrucciones para predecir el comportamiento de tu nombre

Todos los días tienes un nombre diferente. Se calcula con base en la distancia que hay entre tu nariz y el sol. Sumando el número de mordidas que le haya dado a tu pectoral izquierdo, las veces que te haya cantado esta mañana Furioso pétalo de sal. Le añades también el número total de morisquetas que hemos comido juntos dividido entre las noches que hemos pasado separados. Le restas mis berrinches de niño incomprendido y las veces que te contesté mal por andar chipil. Ya sabes que yo también me estoy reconstruyendo.

El valor absoluto de la cantidad que obtengas debe ser elevado a una potencia equis tal que equis sea mi nivel de endorfinas medido en miligramos, multiplicado por la cantidad de oxitocina que empecé a producir no más de olerte.

Justo ahora, por ejemplo, tomando en cuenta que ya inició la primavera y que mordí hace tres semanas tu pectoral diez veces, que te he cantado cero veces desde anoche Furioso pétalo de sal, que van sólo cuatro morisquetas y un montón de noches separados, que estoy trabajando en los berrinches y que me he puesto chipil a distancia no más dos veces en un año, podemos inferir que por hoy, otra vez, te llamas Christian.

Es un nombre sacrílego según los fines con que lo usamos. Hay que decir que no lo he pronunciado ni una vez sin cometer en el acto algún pecado, aunque sea de pensamiento. Me gusta susurrarlo cuando duermes y das volteretas desde mi pecho a casi el suelo, intentando acomodarte, cuando la flecha de uno atraviesa el cerebro del otro y pensamos que nadie en el mundo puede superarnos en ese despliegue de acrobacia y contorsiones, cuando llamas, cuando no y cuando le cuento a alguien que todavía no te conoce que tú hubieras sido el niño al que le habría prestado todos mis juguetes cuando chico. La plastilina, el marrano negro de peluche y el soldado que tenía en lugar de Barbie. El que traía el corte de cabello que ahora yo y el que de vez en cuando te gusta que interprete.

Christian, ¿me dejas, por favor, ser tu soldado? Prometo dimitir y jamás usar un arma. Ocupar no más los brazos para protegerte de las balas. Que sean los tuyos guarida contra el viento. Para que, de vez en cuando, sin abusar de la frecuencia, parezca que afuera la gente ya no mata y que logró su cometido la revolución de los afectos.

 

 
Lap dance original

Para Christian

I

Me pidió que le bailara
como si fuera la Uma Thurman
pasadísima en Pulp Fiction.

Y yo sentado
con la panza hecha una bola
cubierto sólo por la camisa
que ayer le arranqué desesperado.

No puedo, Christian. No puedo.
Soy una roca.
Tengo dos pies izquierdos.
Y no me siento sexy.

Si puedes, lo traes dentro.
Si puedes, si es conmigo.

Y entonces sus besos en mi pecho
sus besos que son sombra
que son brisa y mar fugaz.

Las manos en la espalda, más abajo.
¡Al diablo con la espalda!

Creo fervientemente en este culo.
Me surge por fin entre las piernas,
me brota el desliz como extensión.

Y le bailo
con todo mi amor de puto malsañero
le bailo.

Ojalá pudiera
biengastar
toda la vida
en este paso.

II

No lo sabes todavía
y quizás nunca lo sabrás
pero por ti bailaría cumbia
me iría a Cuba a aprender salsa
no podría resistirme ni a un perreo.

Así está bien
que no lo sepas
que no abuses
que te conformes no más
con este tango.

 

Ilustración: Pola Maulen

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About David Ledesma Feregrino

Colaborador y argüendero de La que Arde. Estudia Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Arde por encontrar la belleza dentro del caos. Es colaborador frecuente de la revista La Hoja de Arena, en temas de Derechos Humanos. Realiza labores en favor de las personas de la disidencia sexual y de género a través de organizaciones de la sociedad civil. Le dicen "La malquerida".

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