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¡Hasta siempre, mi estrella azul! Para no olvidarte, Satya.

Nos recuerdo llegando tarde al evento: Yo, estresada, molesta. Tú, diciendo “ya estamos aquí”, mientras sonreías y saludabas discreta a la gente, transformando mi molestia en risa con tu varita de luz.

Así reías cuando bailabas, con el garbo desenfadado y sensual de una gitana, como un pájaro bañándose en una fuente de agua pura.

Así lo llenabas todo de música y juego. Así convertías el tiempo en un abrazo.

Te parecías a la palabra alegría.

Al rinconcito cálido donde quedó tendido -sin ti- tu uniforme blanco cuando un buitre decidió arrancarte la risa.

Fue el 22 de noviembre cuando me llamaron para decirme que estabas desaparecida. Yo no lo podía creer. Te llamé a tu celular, pero me respondía tu buzón de voz. Ésa fue la primera vez que tuve miedo de lo que te fuera a suceder.

Llamé a varias amigas que trabajan en organizaciones de personas desaparecidas, hablé con tu mamá, quien ya había interpuesto la denuncia por desaparición forzada. Después fueron horas de estar en el teléfono, de pedir ayuda para que circular tu foto en las redes, por si alguien tenía noticias de ti.

Era ya miércoles después del medio día cuando tu mamá me dijo que iría a la Procuraduría: le habían llamado para pedirle que fuera urgentemente. Pensé que tal vez tenían buenas noticias, que te habían localizado y te encontrarías con tu mamá, pero no fue así. Cuando la llamé más tarde, ya no entraba la llamada.

Fue otra amiga la que me dijo que habían encontrado tu cuerpo sin vida en un motel de Morelia. Después de que me dieron la noticia no pude llorar ni expresar nada, sólo seguí haciendo quehaceres académicos. No lo podía creer, estuve en shock por varias horas hasta que una llamada me hizo contactar con el dolor, con la horrible sensación de tu ausencia para siempre.

Tu cuerpo fue inspeccionado durante más de dos horas en la SEMEFO para encontrar evidencia que ayudara en el proceso judicial contra el hombre que te asesinó, contra el hombre en el que habías confiando, con el que habías comenzado a salir semanas atrás. Ese hombre que, ahora sabemos, te mintió sobre su identidad, sobre quién era él.

El jueves 24 de noviembre estábamos enterrando tu cuerpo.

Tu madre es una mujer con mucha fuerza y valentía. Ese día estuvo todo el tiempo contigo, recibiendo las condolencias, y al día siguiente se presentó en la primera audiencia del juicio contra el hombre que te mató.

Ahí, junto con tus hermanos, tu madre y otras amigas tuyas tuvimos que escuchar el relato de cómo fueron tus últimas horas de vida, cómo fue que encontraron al hombre que te asesinó. Lo vimos ahí y fue horrible, ¡horrible! Él te arrebato la vida, nos arrebató a nuestra amiga, a nuestra hija, a nuestra hermana, a nuestra prima.

Al duelo por perderte se sumó la indignación y el enojo que vivimos cuando leímos en medios de información como Quadratin, Changonga y 90 grados lo que decían de ti, cómo te juzgaban porque te habían encontrado en un motel, porque habías conocido a ese hombre a través de las redes sociales, porque habías salido con él, haciendo un juicio de tu vida a partir de esos tres datos, e invisibilizando así a tu asesino, quien, en contraste, en ningún momento fue señalado o juzgado por engañarte, por traicionar tu confianza, por asesinarte, ¡no!

Quadratin, Changonga y 90 grados decidieron también convertirte en su víctima, y atentaron contra tu dignidad, contra el libre y soberano ejercicio de tu sexualidad, contra tu libertad de elegir con quién estar.

Quadratin, Changonga y 90 grados te hicieron responsable de tu cobarde asesinato, te juzgaron por tus decisiones, te culparon por tu confianza y generosidad. Eso nos dolió igual que tu muerte.

Durante la primera audiencia la jueza preguntó si había algún medio de comunicación presente. La respuesta fue un silencio absoluto, por lo que procedió a iniciar la audiencia. Ahora sabemos que eso fue una gran simulación, porque apenas una hora después de terminada la audiencia Quadratin ya había publicado una nota, dando a conocer información sensible en la que te revictimizaban a ti y a tu familia, bajo el título “Satya y el romance cibernético que le llevó a la muerte”.

Paradójicamente, ese día de la audiencia se conmemoraba el Día Internacional por la Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres, y ese mismo día Quadratin y otros medios misóginos nos agredían a todas las mujeres con las publicaciones donde te hacían ¡a ti! responsable de tu asesinato.

Hasta ahora no ha aparecido una nota que lleve el título “Hombre se cree dueño de la vida de una mujer y la asesina” o “El romance cibernético que inventó José Gerardo X para engañar y asesinar a una mujer”.

Familiares, amigas, amigos y organizaciones nos manifestamos en contra de estas difamaciones, exigiendo que Quadratin retirara de su página web la nota periodística. Escupiendo sobre el dolor de familiares y amigas, Quadratin se negó a hacerlo, alegando que para ellos lo primordial era un presunto “interés de dar a conocer el caso” -en esos términos que te revictimizan a ti y a tu familia- y “advertir a la sociedad”. ¿Advertir a quiénes? ¿A las mujeres, de que no sean libres de ejercer su sexualidad, de que no sean libres de conocer personas? ¿A los hombres, de que pueden seguir asesinando mujeres, porque será a ellas a quienes se responsabilice de sus propios asesinatos?

Al duelo por perderte se le suma el dolor por el juicio que la sociedad hizo de ti con base en las últimas horas de tu vida. Las personas que te juzgaron no saben nada de tus planes por terminar la especialidad en Podología, de que habías aprendido a manejar hacía unos meses, de tu gusto por la danza, por poner siempre delante tu responsabilidad en tu trabajo como podóloga, de ser siempre generosa con quienes te rodeábamos, de tus sueños de viajar por el mundo, de cuánto nos amábamos entre hermanas.

No, eso no lo saben, al parecer ignoran que somos seras humanos y que estamos viviendo un proceso para decirte adiós desde el profundo amor que te tenemos. Para esos medios somos objetos.

Pero nosotras nos rehusamos a olvidarte, Saty. Seguiremos nombrando a tu asesino, JGPB, al sistema que lo cobija a él y a otros miles como él, y a los medios de comunicación misóginos que los encubren. Aunque ya no estás aquí para decir quién eres, estamos nosotras, que seguiremos luchando para que este feminicida que te arrebató la vida no quede impune, y también para que se detengan las agresiones contra ti y tu familia desde los medios de comunicación.

Te seguimos amando profundamente. Guardamos en nuestros corazones tus abrazos sanadores, nuestras complicidades, nuestros bailes y el momento tan especial en que nos hermanamos, a partir del cual nunca dejamos de decirnos cuánto nos queríamos, cuánto nos extrañábamos y cuánto deseábamos que se nos cumplieran nuestros deseos.

Tu asesinato no será en vano, Satya, seguiremos amándonos entre hermanas y defendiéndonos ante las agresiones que enfrente cualquiera de nosotras.

¡Hasta siempre, mi estrella azul!

 

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*Esta nota fue elaborada con base en cartas de despedida escritas por las amigas más cercanas a Satya. Gracias a todas.

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