El derecho a la no maternidad. Por Karina Blanco

“{…} frecuentemente se ven obligadas a engendrar a su pesar. El embarazo y la maternidad serán vividos de manera muy diferente, según se desarrollen en la rebeldía, la resignación, la satisfacción o el entusiasmo.” 

Simone De Beauvoir, “El segundo sexo”.

¿Por qué tanta problemática alrededor de la maternidad? ¿Es una decisión exclusiva de mujeres o en el tema pueden intervenir los hombres? ¿La maternidad es un derecho o una condición? Parece increíble que en pleno siglo XXI el tema siga siendo discutido con tanto fervor, parece un capítulo ya pasado, pero la realidad es que las mujeres seguimos estando sometidas a los deseos de una sociedad capitalista que sigue produciendo mano de obra que, a su vez, producirá más mercancía que hará más rica a la gente rica y que seguirá acumulando capital que requerirá nueva mano de obra… Y así, las mujeres seguimos siendo obligadas a maternidades no deseadas. Habrá, para empezar, que develar si la maternidad es condicional o un derecho de las mujeres.

Es interesante cómo funciona la maternidad en diferentes lugares, con condiciones diferentes pero con las mismas “coincidencias” socioeconómicas, políticas y culturales. Es decir, las mismas condiciones socioeconómicas generalmente tienen como consecuencia las mismas formas de maternidad, problemas similares en el sistema de salud y diferentes demandas sobre el tema. Entendamos por maternidad no sólo los nacimientos, sino también los embarazos no deseados, los no planeados y los que no llegan a término. Esto es de suma importancia porque uno de los puntos más controversiales sobre la maternidad, antes que los métodos anticonceptivos, es precisamente el aborto o la interrupción legal del embarazo (ILE). Por ejemplo, de todo el continente americano, sólo cinco países (Chile, El Salvador, Honduras, Nicaragua y San Vicente y Las Granadinas) niegan o restringen el aborto incluso en caso de que la vida de la madre corra peligro. De esos países, sólo San Vicente y Las Granadinas acepta la interrupción del embarazo si la madre fue violada o por problemas socio-económicos. De todos los países del continente, sólo seis permiten que la madre elija interrumpir el embarazo: Canadá, Cuba, Estados Unidos*, Guyana**, México* y Puerto Rico. Estas cifras dan una muestra clara de que lo que le preocupa al Estado no es tanto la libertad de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo, sino el bienestar de “las fábricas de bebés” y la disponibilidad para el sistema mercantil de sus militantes: que las y los bebés nazcan con salud para que puedan ser útiles en la línea de producción.

Entre las comunidades interesadas en que el aborto no esté disponible a la libre elección de las mujeres, se encuentran países con niveles de pobreza y marginación importantes y países altamente religiosos… como La Ciudad del Vaticano1.

No parece coincidencia que sean estos colectivos/lugares quienes nieguen los derechos que deberían tener todas las mujeres a reproducirse libremente, siendo, a través de la historia, los principales opresores de las mujeres. La iglesia cristiana, por ejemplo, las ha perseguido, las ha acusado de brujas, de demonios y les ha mermado sus derechos y pretende seguir haciéndolo, por medio del control de la natalidad y de su propia sexualidad.

“Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley.”2

“’¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?”3

¿Es la maternidad un tema únicamente de las mujeres? Es una pregunta difícil de responder ante tantas personas interesadas en que sea un tema de opinión popular y general. La participación de los hombres se da de manera insistente, pareciera (y sólo pareciera) que en este mundo patriarcal y viril, es imprescindible la participación de los hombres en absolutamente todos los temas, incluso en los que nos conciernen sólo a las mujeres (es nuestro cuerpo sobre el que pretenden decidir, como un objeto, un no-sujeto). Algunos grupos antifeministas han declarado que los hombres pueden y deben participar en el tema, ya que son ellos los que pagan manutención y son la otra parte generadora, por llamarlo de algún modo. Es cierto, participan siendo desde violadores hasta padres responsables, pero en países como México, los números no dejan mentir: son las mujeres las que afrontan, en su mayoría, los retos de la maternidad; las que se quedan para educar, mantener, cuidar, proteger y salvaguardar a los y las hijas. Es una sociedad que permite y alienta a los varones a desaparecer y no afrontar de manera responsable la paternidad y pena a la madre por el mismo comportamiento por el que aclama al padre. Esta desigualdad hace merecedoras políticamente a las mujeres para que sean ellas quienes decidan sobre la natalidad. Políticamente, pero más allá de cualquier particularidad de la sociedad, es un derecho poder elegir sobre nuestro propio cuerpo, sea para maternidad o no.

A estas críticas antifeministas de hombres que pretenden adjudicarse los derechos sobre los cuerpos de las mujeres, se ha formulado la pregunta que lo vuelca todo: ¿si el embarazo es mío, por qué las decisiones las toma el Estado, la Iglesia o mi pareja? Y son, el Estado y la Iglesia quienes ejercen la mayor presión; si no es el infierno, es la condena moral y social no solamente por abortar, sino por decidir, anticipadamente, no ser madre. Existe una crítica interminable hacia las mujeres que deliberadamente no desean la maternidad, una pena social por no seguir el estatuto y la sentencia de “realizarse como mujer” si no es a través de la maternidad.

Definitivamente, el problema va más allá del debate ético y moral sobre el aborto, va más encaminado a la enajenación de los cuerpos, a la opresión de las mujeres y a mantener el régimen autoritario sobre nuestras libertades. Es el derecho a la no maternidad, el mismo que nos brinda una gama de posibilidades que nos aleja de la sumisión y de la dependencia, tan peligroso, que por supuesto que es y será debatido y discutido no solamente por hombres bajo la bandera patriarcal invisible que oculta el miedo a perder el poder, sino por mujeres que temen, a su vez, perder privilegios de lo imaginario que la soberanía masculina nos ha hecho creer que tenemos. Es importante que todas las mujeres tengamos acceso a opciones de anticoncepción, incluyendo la ILE, pero es todavía más importante y fundamental que sobre todo, sepamos defender nuestro derecho a ser ingenieras, licenciadas, maestras, técnicas, obreras, campesinas, artesanas, artistas, empleadas, intelectuales y sí, también amas de casa que podamos elegir ser o no madres.

En esta ocasión quise evitar hablar sobre las consecuencias de la maternidad obligatoria, como falta de educación, de oportunidades para las y los niños, de recursos y de disponibilidad emocional y/o económica, porque me parece que esos puntos deben ser tratados como consecuencias, como el último eslabón de una larga cadena de violencia que es ejercida en el tema de la maternidad. Creo, a punto de vista personal, que ese tipo de situaciones son un asunto delicado que se tiene que resolver, pero no son la enfermedad, sino el síntoma. La verdadera enfermedad está en la imposibilidad de nosotras, las mujeres, para decidir, para tomar rienda sobre nuestros­­ propios cuerpos y sobre el curso de nuestras vidas. En conclusión, no podemos tolerar más manipulación sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas y nuestras decisiones. Somos autonomía, soberanía y como tal, podemos afrontar cada reto que se nos imponga como los seres capaces que elegimos ser. Criminalizar el derecho a la no maternidad no es sino una hipocresía social más que se desinteresa de las y los nacidos y de las madres y se ocupa únicamente de la sana producción fetal. Ser mujer no es sinónimo de ser madre y ser madre no es sinónimo de abnegación. Sobre las mujeres con maternidad obligatoria:

Bibliografía:

  • Simone De Beauvoir, El segundo sexo, edición De bolsillo Contemporánea 2013, México.
  • Marcela Lagarde, Claves feministas para el poderío y la autonomía de las mujeres, Punto de encuentro, México.

Fuentes consultadas al 15 de mayo de 2015:

  • bancomundial.org/indicador/SP:DYN.CBRT.IN/countries/1W-MX-DE?display=graph
  • abortos.com/otras_aborto.htm

karinaKarina Blanco. Estudiante de filosofía. Segunda hija de cuatro, resultado del segundo matrimonio de su padre. Poco sociable, intolerante, feminista (de las radicales). Mujer llena de celulitis y vacía de prejuicios y estereotipos sociales. Malhablada, llorona y fuerte. Necia y aguerrida lectora. Abortista, abolicionista y no sabe amar si no es a lo profundo. Le llaman feminazi cada vez que habla sobre feminismo y sobre luchar. Sonríe. Arde por un mundo donde las mujeres dejen de creer que los hombres nos salvarán y que “calladitas somos más bonitas” y donde los hombres aprendan a vernos y tratarnos como sus iguales y menos como sus “princesas”.

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2 comments

  1. con el respeto que merecen, y todo lo que respeto este blog, pero esa cita bíblica hace referiencia a la mujer como inferior a Dios, como todo lo que es inferior a Dios incluso tambien dice q el hombre no es digno tampoco, menciona hombre, mujer y toda cosa creada, solo eso

    • Gracias por tu comentario. Por haber sido el primer número temático de la revista decidimos abrir esta sección libre para integrar las aportaciones de las lectoras, es por ello que en dicha sección los textos son más bien testimonios/opiniones personales de cada una. Te agradecemos tu paciencia de antemano. Saludos

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